Vaya título tan extraño, ¿no? De analizar la política puertorriqueña (y en general, de cualquier parte del mundo) uno pensaría que estas dos cosas no tienen nada que ver una con la otra, pues es sabido que los políticos parecen no tener cerebro, o al menos sacan más votos mientras más actúen como si no lo tuvieran. He visto muchas quejas de que los profesores y científicos no resultamos ser muy buenos políticos porque nos la pasamos enseñando, y hablando con puros datos como si estuviésemos dando clases o conferencias, y eso es DEMASIADO INTELECTUAL para el votante promedio. El votante promedio prefiere un "líder", alguien con quien hacer chistes y tomarse una cerveza, alguien que le diga lo que tiene que hacer, y que se muestre "fuerte" como guapo de barrio listo a entrarse a las trompadas con los "malos" del otro bando. Ayer leía en un blog de ciencias que la tendencia de varios científicos, (como Richard Dawkins, Christopher Hitchens y muchos de los luchadores contra las fuerzas del oscurantismo creacionista que arropa los EE.UU.), de criticar la religión por su falta de pensamiento crítico y racional era preocupante y peligrosa. No porque sus argumentos no tuvieran razón y no porque no fuese absolutamente cierto lo que dicen, sino porque esto podría hacer que al votante promedio (que es religioso, cree en fantasmas y OVNIS, odió sus cursos de física y matemáticas con pasión, y no lee libros porque le resulta más fácil ver TV o películas) le empezaran a caer mal las ciencias. Y eso empeoraría la tendencia (ya preocupante bajo la Administración Bush en los EE.UU.) de que el estado le retirara cada vez más los necesarios fondos gubernamentales que se necesitan para hacer ciencia de calidad. Quizás sea verdad. Pero yo prefiero ser una persona inteligente pobre y con honestidad a tener que ser un hipócrita y "brutalizar" mis argumentos para que las masas me den más chavos. Pero eso soy yo, que claro no uso muchos chavos al hacer física teórica. De todos modos, la razón para el título es que descubrí un artículo de la prestigiosa revista científica Nature donde David Amodio, un neurocientífico de la Universidad de Nueva York, y sus colaboradores acaban de publicar un interesante estudio que dice que las preferencias políticas liberales de izquierda o conservadoras de derecha se deben a que la actividad neuronal de los izquierdistas y de los derechistas ES DIFERENTE. Así que el ser PNP o Republicano derechista tiene un componente genético-fisiológico, así como el ser un brillante independentista liberal o un comunista. Esto generó muchas reacciones diferentes en la blogosfera desde los incrédulos que se burlan hasta los deterministas científicos que se maravillan ante el poder creciente de la neurociencia. Claro, es todavía imposible determinar si Rosselló es así de bruto y ridículo por la acción de sus genes que le determinaron la estructura cerebral o por la interacción con el entorno social de las cucarachas corruptas que pululan en las altas esferas del PNP. Igual con la ambigüedad y la propensión a la mentira de Aníbal Acevedo Vilá, o la testarudez y persistencia asombrosa de Rubén Berríos. Cuanto del comportamiento de un individuo es biología y cuanto se imita de vivir en sociedad, ("nature vs nurture"), es muy difícil de determinar aún. Pero este estudio parece apuntar a que las preferencias políticas, (que parecerían ser la imitación del entorno social por excelencia), tienen un fuerte componente biológico. Amodio y sus colaboradores encontraron que los conservadores derechistas tienen un cerebro más duro y fosilizado. Que son buenos tomando decisiones en que los patrones neuronales se mantengan siempre similares y no cambien mucho. A sus cerebros se les dificulta crear nuevas conecciones y nuevos grupos de neuronas que empiecen a disparar como un todo creando nuevos símbolos y nuevas ideas. Por eso su preferencia por quedarse igual y temerle al cambio. En cambio los liberales izquierdistas tienen cerebros que responden mejor y con más rapidez a la información compleja, a las situaciones con data ambigua e incompleta, y a la novedad. Frank Sulloway, de la Universidad de California-Berkeley, hizo también pruebas dándole exámenes a varios sujetos que medían la capacidad para entender preguntas o juegos con situaciones rápidamente cambiantes y al correlacionar con las preferencias políticas de los examinados encontró que los izquierdistas eran hasta 4.9 veces más propensos a exhibir actividad neural en circuitos del cerebro que procesan información conflictiva, y 2.2 veces más propensos a sacar un resultado en la mitad superior de la distribución que medía la exactitud del examen. Ahora hay que encontrar cual es el gen que codifica para las estructuras izquierdistas maleables del cerebro, y luego desarrollar alguna pildorita que haga que todos los bebés nazcan más izquierdistas e inteligentes, para así hacer progresar la humanidad y poder salir de los Bush y Rossellós de la vida (así como sus hordas de votantes derechistas) que tanto retrasan el avance de la humanidad.
Tyrannosaurus
Hace 2 días.

