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jueves, 6 de agosto de 2009

Aniversario del genocidio en Hiroshima

Tal día como hoy, hace ya 64 años, los Estados Unidos de Norteamérica, que prácticamente le habían ganado ya la Segunda Guerra Mundial a Japón y a Alemania, deciden lanzar una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.

cloud_over_Hiroshima Ahí no habían bases militares, ni emplazamientos de tanques, ni “bunkers” con líderes del ejército japonés. Era una ciudad llena de civiles inocentes. Viejos, mujeres y niños que fueron asesinados a mansalva en un acto de terrorismo de estado que hace ver a los ataques al World Trade Center en el 11 de Septiembre del 2001 como una picada de mosquito en la escala de daños hechos por ataques cuyo propósito es aterrorizar e infundir temor al oponente político-militar.

Los historiadores americanos y japoneses, (países que ahora parecen ser aliados y muy buenos compinches en el juego imperialista), han debatido mucho cuan malvados o necesarios estratégicamente fueron los ataques atómicos a Hiroshima y Nagasaki. Los americanos nunca se refieren a esta barbarie como un acto de “terrorismo” porque estaban en guerra con Japón. El presidente Truman le había emitido un ultimátum ordenando la rendición incondicional de Japón, el cual el Emperador y el Alto Mando Militar japonés rechazaron.

La justificación gringa de porque fueron tan bárbaros de tirar una bomba atómica sobre una ciudad llena de civiles de un enemigo ya derrotado es que al no rendirse habría que haber invadido Japón para acabar la guerra, y eso hubiese costado cientos de vidas americanas (las únicas vidas en combate que a los americanos les importan). Al demostrar el poder de las bombas atómicas nuevecitas que tenían en su poder convencerían a Japón (y a Rusia, y a cualquier potencial enemigo futuro) de que no debían de meterse con ellos o las consecuencias serían catastróficas para sus ciudadanos.

Pero, ¿cual fue el verdadero costo humano de esa fatídica bomba atómica del 6 de Agosto del 1945? El bombazo inicial mató, quemó y survivor vaporizó instantáneamente a unos 70,000 seres humanos. Otros 70,000 más o menos morirían en los próximos 4 meses de envenenamiento radiactivo, quemaduras, hambre o enfermedades producto de los daños corporales producidos por el bombazo. Se estima que después murieron unos 231 por leucemia, y unos 334 de otros diferentes tipos de cáncer producidos por la radiación. Las mutaciones de niños deformes que nacieron luego como consecuencia de la radiación atómica han sido grotescamente evidenciadas, pero no se han podido contar con exactitud.

¿No se hubiese podido hacer una demostración del poder destructivo de estas nuevas armas en algún desierto o islote no habitado del Pacífico? ¿Fue este acto de genocidio terrorista realmente necesario para obligar la rendición de Japón?

Esta ha sido la única vez en la historia humana que se han usado armas nucleares en una guerra. A los físicos con algo de conciencia esto nos hace sentir culpables y responsables. Fue nuestra ciencia la que se usó (y yo diría se pervirtió) para producir estas armas diabólicas de destrucción masiva. Fue la física cuántica y nuclear la que abrió las puertas al poder del ser humano de destruirse a sí mismo como especie y hasta quizás para envenenar toda la vida por los efectos ambientales y radiactivos que una guerra nuclear a gran escala entre 2 o más superpotencias podría traer.

Como citó el físico Robert Oppenheimer del Bhagavad-Gita cuando vió la primera explosión nuclear experimental: “…nos hemos convertido en la Muerte [Shiva], el Destructor de Mundos”.

Pero también está la otra cara de la moneda. Los que juegan videojuegos y han visto el juego Fallout 3 notarán que el ambiente y la música del juego, aunque supuestamente se desarrolla después de una guerra nuclear futura en el 2077, es el de la sociedad americana paranoica de los 1950s. En los años 1950 luego de que los rusos adquirieron también armas atómicas y comenzó la Guerra Fría casi nadie pensaba que nuestra civilización sobreviviría más de unos pocos años. La inminencia de una guerra nuclear entre rusos y americanos parecía algo inevitable. Y sin embargo 64 años después la especie humana sigue aquí a pesar de que ambas naciones han contando con líderes locos, brutos y borrachones como Stalin, Kruschev, Reagan, o los Bush.

El miedo a la destrucción asegurada de ambos bandos si se desata una guerra nuclear ha evitado que los humanos nos volemos en cantos, y que como dije hace 2 entradas atrás las guerras entre naciones ricas hayan sido prácticamente eliminadas.

Claro, aún estamos viviendo con una espada nuclear de Damocles sobre nuestras cabezas. Luego del desmembramiento de la Unión Soviética con sus miles de ojivas nucleares desperdigadas por todo su territorio, y la proliferación nuclear que sigue desbordando armas nucleares por el mundo no importa cuanto se fajen las potencias ricas por evitarlo, (y que ya incluye a países extremadamente peligrosos e inestables como Israel, Pakistán, Irán o Corea del Norte), el peligro sigue tan grande o peor que en los 1950. ¿Cuanto tardará un grupo terrorista en adquirir una bomba nuclear y usarla contra otra ciudad llena de civiles? ¿Y que va a pasar cuando el petróleo se esté agotando y no haya suficiente para que todos en EE.UU., China, y Europa puedan tener el mínimo requerido para funcionar sus países no importa cuanto dinero tengan para pagarlo?

Si no cambiamos la forma de pensar, de usar energía y de hacer política internacional el genocidio de Hiroshima hace 64 años va a ser un pellizco de ñoco comparado con lo que nos viene pa encima.

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martes, 8 de mayo de 2007

Peligros y promesas de la energía nuclear

Dice James Lovelock, uno de los creadores de la Teoría de Gaia, que si queremos salvar al planeta Tierra del desastre al que se encamina tenemos que empezar a usar mucha más energía nuclear en vez de petróleo. Pero esta es una posición bastante controversial pues Lovelock es uno de los “gurús” del movimiento ambientalista verde a nivel internacional pero la posición convencional de los ambientalistas (particularmente en Estados Unidos) es de férrea oposición a la energía nuclear, por sus peligros de haber una explosión en un reactor y por los problemas de deshacerse de desperdicios radioactivos cuya media vida puede ser de entre 280 años (como la de Estroncio-90) hasta 760,000 años (como la de Níquel-59). Asegurarse que grandes cantidades de material radiactivo se mantengan selladas y sin filtrarse a cuerpos de agua o al suelo durante tanto tiempo no es tarea fácil, y conlleva grandes peligros. Pero esto es un problema cuya solución debe existir si se le mete mano científicamente y con una ingeniería bien diseñada. El costo de no usar energía nuclear y seguir quemando petróleo en lo que se desarrollan otras fuentes confiables puede ser desastroso y hasta suicida. El problema radica en que, además de la inercia económica monumental de los países ricos, está el hecho político sensitivo de que a nadie le va a gustar la idea de tener un reactor nuclear o un vertedero radiactivo cerca de su casa.

Hay 2 tipos de energía nuclear: la fisión nuclear (que es romper núcleos atómicos grandes e inestables en pedazos más pequeños) y la fusión nuclear (que es unir dos núcleos pequeños para formar uno más grande y pesado). Como ustedes seguramente saben, los núcleos atómicos se componen de 2 partículas subatómicas: los protones y los neutrones. Los protones y neutrones se atraen entre sí debido a la fuerza nuclear fuerte, y forman los núcleos que definen los diferentes elementos químicos. Mientras más protones y neutrones en el núcleo, más pesado es el átomo y más abajo está en la Tabla Periódica de los elementos. Pero los protones tienen carga eléctrica y mientras más protones haya más fuerte será la repulsión eléctrica que intenta romper el núcleo. En todo núcleo atómico hay esta competencia entre estas 2 fuerzas, una que quiere unirlo y otra que quiere destruirlo.

La energía nuclear convencional (las de las bombas atómicas genocidas que asesinaron a mansalva viejos, mujeres y niños en Hiroshima y Nagasaki, así como la de los reactores nucleares usados para generar electricidad) se basa en la fusión de núcleos radiactivos grandes y pesados (como Uranio o Plutonio) donde son ya de por sí inestables por la gran cantidad de protones que hay en cada núcleo. Bombardeando una gran cantidad de estos elementos con neutrones crea una reacción en cadena donde cada vez que se parte un núcleo en pedazos se libera energía y más neutrones, que a su vez rompe más núcleos y así sucesivamente. Si se deja esto sin control se tiene una explosión nuclear. En un reactor se trata de enfriar y controlar esta reacción para que solo dé una cantidad de energía en forma de calor que podamos manejar (si no ocurren accidentes, claro está). A pesar de los accidentes notorios de Chernobyl y Three Mile Island, la experiencia de décadas en submarinos nucleares, y miles de centrales nucleares operando continuamente en países como Francia y Japón han demostrado que con un mantenimiento adecuado, buen monitoreo de las condiciones del reactor y varios sistemas de seguridad redundantes se pueden tener plantas nucleares bastante seguras y confiables. El problema es con la disposición de los desperdicios radiactivos que se generan luego de las reacciones nucleares. Un problema es de salud porque son desperdicios tóxicos de muy larga vida, y el otro de seguridad y política, pues muchos de esos desperdicios son ricos en isótopos radiactivos que pueden usarse para construir armas atómicas.


La otra manera de producir energía nuclear lo es la fusión de 2 núcleos livianos en uno más pesado. Esto ocurre en el interior del Sol y las estrellas (éstas brillan por ser gigantescos reactores termonucleares) así como en la infame Bomba-H (que era millones de veces más poderosa que la bomba atómica de Hiroshima). El problema es que para producir reacciones de fusión nuclear se necesitan millones de grados Kelvin, unas temperaturas tan altas que no existe material alguno que contenga plasmas tan calientes. Hay mucho interés en la comunidad científica internacional en investigar como contener los plasmas con campos magnéticos sumamente intensos en configuraciones toroidales conocidas como “reactores tokamak”. Uno de los proyectos de mayor interés es el gigantesco reactor experimental de fusión ITER , el que costará varios billones de dólares y en el que colaboran Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, China, India y Korea. Es un reactor experimental con el propósito de producir energía de fusión a un costo competitivo con el petróleo, sin producir desechos radiactivos ni gases de invernadero, y mediante reactores seguros y eficientes.


Se espera que tome varias décadas lograr esta importante meta, pero si los físicos logran la meta de crear reactores nucleares de fusión en nuestra vida habremos dado un gran paso de avance en la meta de sobrevivir como especie y vivir con avances tecnológicos, pero sin poner en peligro la ecología y la convivencia con el resto del planeta Tierra.